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Yo lo fui contemplando desde la carne al alma: ese fue mi delito. Entre https://top-b.appsapk.website/rss-04-11-2019.php hombre y mi alma espiga alma de ojos azules ha cruzado la espada De mi lado se bate la conciencia espiga alma de ojos azules hombre en un sol de principios sobre el soy de las almas. En la mano del hombre se defiende la hueca escultura de normas sobre el tiempo moldeada.

Ha sonado la lucha Y me siento intocada Estoy sobre los siglos con fiereza de olas España el vuelo. Porque la flora abreva en el gorjeo. Noviembre fluye. Roma en la casa. Roma en las costillas. Y el alfalfar océano de gracia.

Xxx ponography Watch XXX Movies Dawonloud Xxx. Pero son tuyas, tuyas, hijas de tu emoción y tu tristeza, son tus viejas palabras hablando desde mí, desde mi alma Deja que siga andando los caminos y que arranque a la noche su secreto. Sobre tu vida toda pesa un largo silencio: fue el que nació de pronto cuando se habló de amor. Yo me asomé al abismo que socavó la vida en tu sendero, antes todo lleno de sol. Qué misterio se esconde tras el vasto silencio en que vas por el mundo sin tocar una flor? Qué tortura infinita se esconde en tu destino, que no puso en tus labios una sola canción? Hurgando en tus pupilas, yo busco aquel secreto que te plegó los labios y te hirió el corazón. Apresura tu hoz, y por su filo vayan rodando al suelo las espigas que doró el amplio sol de tu mirada. Por ese gesto anunciador del pan: Dios bendiga tu mano! Apresura tu hoz, porque ese trigo es de ellos, antes de que subieran las espigas desde la negra boca del barbecho. Segadora, el hambre que yo tengo es vieja como el mundo, como la tierra, como el sol Segadora, el hambre que yo tengo es vieja como el mundo Sembrador, te me fuiste Te me fuiste con tu voz de agua pura y tus manos abiertas por el camino largo. Yo fui contigo hasta la vera del camino aquella tarde. Era la despedida. Nos dijimos adiós en aquel borde donde mi mano se agitó temblando y respondió tu mano, dulcemente, con las cinco sonrisas de sus dedos. Te esperaban rosados corazones y manos blancas como tus cabellos. Yo sé que entre esas manos de la bienvenida estaba la mano generosa del Abuelo. Apresuró el encuentro acaso para preguntarte por su chiquilla, a ti, que para su chiquilla fuiste también abuelo Sembrador, te me fuiste. Yo no digo "Estoy triste". Pero sí que estoy triste,. Triste, así, simplemente. Pinky pobre criatura de ensueño! Duendecillo sin tierra en los talones. Sin nudo en la sonrisa. Sin horizontes en los ojos. Eras rey de un jardín. Centro de universo. A la noche, escapabas por rutas de misterio y subías al cielo, sembrando lirios y cortando estrellas. Y soñando, divertías. Eras algo así como el juguete preferido de una niña mimada. Su capricho. Engolillado de recién nacidas hojas, Eras un poco al aire verde de la primera. Eras un poco lo exótico, lo nuevo, lo exrrahumano. Era graciosa tu actitud, mezcla de penitente y de amorcillo. Un juguete distrae, igual que un pekinés de carne y hueso. Hay perros grandes, nobles, austeros, reposados. Pero los hay pequeños, lanudos, móviles, saltarines Esos perros que compran los millonarios tontos y las mujeres aburridas, para reir un poco y olvidar que se aburren de la vida. A ti no te compraron. Fuiste un pekinés voluntario y ridículo. No he querido ofenderte. En este siglo, soñar así La borla de tu gorro repiqueteó en la noche sus inaudibles cascabeles locos. Cabalgaste en la espuma de las nubes fugaces. Te meciste enlós brazos bruñidos de la luna. Enredaste tus dedos en las crines de las constelaciones y bebiste el milagro de luz en la fuente del cielo. De repente, bajaste. Bajaste no: caíste. La paz del vecindario se alteraba con tu rara presencia arrodillada. A pesar de haber sido un pekinés amable, ya estabas resultando un estorbo inaudito y, desde todo punto de vista, intolerable. Si te lo hubiesen dicho de otro modo éverdad? Siempre hay un modo menos cruel para las cosas crueles. Si te hubiesen dado. Pero la voz llegó con tono frío de preboste. Hoy, a ti no te perdonan haber sido un estorbo. Te han hecho sentir triste. No es gran cosa. Pero, encima, la soledad, el desamparo, la vergüenza, la duda, la humillación, la angustia. Ese sentir que todo se derrumba y se deshace y se convierte en polvo y con el polvo se confunde. La ausencia de contorno. Ese sentir que todo es, de repente, nada.. Pobre Pinky, duendecillo sin suelo y sin espacio! Ahora -siempre con la rodilla en tierraechado en un rincón, muerdes las amargas raíces y vas muriendo lentamente con su dulce veneno. Sí, Pinky. Has muerto como un duende que fuiste, sin ruido y sin palabras. Has muerto y ni siquiera te han cubierto de tierra. Después de todo, vivir una mentira era un absurdo éno es verdad? Y ya que has muerto lqué te importa que todo en la vida fuera una mentira! Ni que las estrellas, al mirarlas de cerca, fueran masas informes y sin brillo! No quise hacerte daño Creí que estabas muerto y Hablemos, Pinky Sé que te han puesto aldabas en los pies y telarañas verdes en los ojos Te comprendo Un día sentiste que la vida era hueca y vacía. Luego, la soledad, el desamparo, la vergüenza, la duda, la humillación, la angustia, y el vacío Y pensaste -y sentiste- que la vida era absurda. Y todo lo miraste con el ojo angustiado del insomnio. Sí, Pinky, te comprendo. El golpe fue tan rudo, y tan inesperado y tan terriblemente cierto! Todo lo viste obscuro, y vacío, y estéril Mas hoy Es tu destino, Pinky. Callar como las piedras, aunque las piedras canten debajo de las aguas. Callar como esos muros desolados y grises que te cercan los pasos y te rompen los dedos impacientes y locos y febriles Adónde, adónde fueron tus gritos vegetales, Una sola palabra: la del viento Una sola palabra: la del agua Es tu destino, acaso. Mi voz, que fue también del viento, y fue del agua, y fue de los luceros escondidos, y fue de las constelaciones Una sola palabra, duendecillo Una sola palabra Tan distante! Una sola palabra, duendecillo. Una sola palabra. La misma, repetida como un eco clavado en la distancia La misma, repetida Tanto lloré, que mis ojos, siempre en el dolor clavados, se hicieron hondos y secos como pozos desangrados. Sube a buscar el amor entre la hierba escondido! La tierra ciñe sus brazos en torno a tu voz de niño Suena tan honda y lejana como las aguas del río El amor tiene los brazos clavados en cruz Y llora Aquellos barquichuelos de papel. De niña los hacía bogar serenamente en la charca por la lluvia recrecida, o en el río impetuoso que formaba el agua en las cunetas. Aquellos barquichuelos de papel Canta el gallo, golpeando la serena quietud del panorama, y en la brisa se pierde el eco de su altivo canto tras la verde ascención de las colinas. Todo tiene una nota de alegría. La campiña, vestida de rocío. Ladra un perro a la orilla del camino y a lo lejos, surcando la mañana, se oye la voz cansona del boyero mientras conduce al pasto la boyada. Bajan los campesinos con su carga para la venta mísera del pueblo, y van cantando, alegres como niños, simples como las bestias del boyero. La mañana es azul, limpia, y el agua canta sobre las piedras del arroyo. Todo el oro del sol cubre el paisaje que, borracho de luz, cierra los ojos. Anoche hablé con la luna. Me dijo: csabes que todos pretenden que yo les quise y que conmigo durmieron? Mentira que yo les quise. Mentira que me quisieron. Yo nunca les di mi alma, ni les di mi boca ausente, porque el amor de los hombres es tan fugaz como el viento. Casi sin yo quererlo se me van hacia tí las miradas, como para bañarse Casi sin yo quererlo Escucha: cuando la vida aprieta sus nudos en cada vena, en cada fibra, en cada nervio, yo te busco con ansia. Pero no siempre tienes el rostro dulce y claro, ya veces hasta te escondes, como para burlar mi anhelo de encontrarte, como para reírte de mis sueños. Dicen que eres una moneda. Las monedas no reinan sino en el suelo, en la triste comedia de los hombres, para ser su pecado y su tragedia. Hermana luna: esta noche quisiera saciar en tí mi viejo noctambulismo. Sólo que, csabes? Esta noche no podría dormir, porque tienes el rostro claro, resplandeciente y bello. Esta noche no podría dormir, no podría dormir, hermana luna Haz1e un hueco a mi voz cuando yo duerma. Si me arrimo a tu fiesta, para decir mi lírica plegaria, recoge mis palabras y hazle un hueco a mi voz Hazle un hueco a mi voz Voy siguiendo tus huellas como tu propia sombra perfumada. Nadie sabe el misterio de esta transmutación, de este vestido que me he puesto hoy, temprano, sobre el alma cansada: mi traje de domingo. Es extraño que ría con esta risa blanca de chiquilla, y que no haya en mi rostro ni un solo gesto amargo, de esos que hacen tan triste mi sonrisa. Se durmió una mañana, después de haber mirado con pavor el absurdo panorama del mundo. Yo siento adoración por esta niña que a veces se despierta y me redime del peso de las horas, y a veces, como ahora, desliza por mis manos temblores de caricias. Hacia las lejanías van mis pasos, cruzando los caminos. Viaje triste. Hacia las lejanías van mis pasos. No me detiene el frío ni la niebla, ni siquiera el recuerdo de tu llanto. Con la noche viene calma y evoco tu sonrisa. No me detiene nada. Voy cantando. Pero todas las notas que me quiebran al recordar la angustia de tu llanto! Yo detendré mi paso en tu cabaña una tarde sin sol, dulce y serena. Tocaré levemente la ancha puerta y esperaré en silencio hasta que abras. Entonces seré huésped de tu cena. Me llevaré tan solo tu mirada Una triste sonrisa Una mirada Toda una vida y toda una tragedia una tarde sin sol en tu cabaña Cierra mis ojos con tus dedos blancos! Dame a beber el filtro del olvido! Exprime entre mis venas tus brebajes! Pero, no Blanca ronda de estrellas en el azul del cielo, y en el cielo del alma caravana de sueños La luna se ha dormido sobre una nube casta. Los ojos se me llenan de lumbre y de silencio, y yo cierro los ojos deslumbrada de sueños Oh, luna, blanca y dulce de la noche estrellada: tu nostalgia y la mía no son, acaso, hermanas? Nocturno Primero Tu sombra silenciosa se encontró con su sombra. Su cara semejaba un cielo transparente. Sus ojos, dos estrellas, y una luna tranquila era su frente. La sombra era tu amiga. Las raíces calladas de tus brazos eran un cerco humilde en torno de su cuerpo. Qué cosas le dijiste? La ronda de tus besos fue como una guirnalda en sus cabellos. La noche se hizo muda. La noche se hizo sorda como las piedras. La noche fue una cuna silenciosa para arrullar dos sombras que se amaban. Como un filo de acero, se hundió en la sombra de la noche larga su grito, un grito pavoroso, sin eco ni distancias. Como frutas a punto de estallar entre los dientes de un deseo avaro: pulpa de sangre nueva bajo la noche inmensa del amor desesperado. Oh, déjame besarte antes de que la sombra llene el mundo; antes de que estos labios se me cierren debajo de la tierra; antes de que estos labios enmudezcan sellados para siempre; antes de que sean pasto de gusanos, polvo en el polvo, abono de simientes El Alba La aurora vino demasiado aprisa con sus ojos dorados. Ella se diluyó en la aurora como un rayo de luz,. Tus brazos, raíces arrancadas de la tierra donde se nutrían, eran dos aspas locas aguardando su vuelta, eran dos aspas locas moviéndose en silencio. El monte se encendía como boca de infierno. El alba fue un paréntesis de luz entre dos noches largas de esperanza, para tu pobre corazón cansado! Te me fuiste llenando de imprecisas nostalgias. Te me fuiste cubriendo de una hiedra sombría como las viejas tapias, y yo no 10 advertía. Ahora tengo la duda. No 10 sé. A la orilla de todos los caminos hicimos alto y descansamos. Luego, otra vez a vagar. Yo, indiferente. Una luz se extinguió frente a mis ojos, se deshojó una flor entre mis dedos, y yo seguí de largo, inconmovible. Es tarde ya para cantar de nuevo, para mirar el sol y las estrellas Mi corazón nació para estar solo. Mi corazón es viejo y solitario. Asceta sin pasado y sin futuro, y anciano, como el mundo, como la vida, como el sol, como el minuto de dolor que se eterniza sobre la carne atormentada; como el gemido de la tierra por los siglos de los siglos abierta y desangrada Mi corazón nació para estar solo, solo, con sus angustias y su hastío. La mañana es azul? Sea bienvenida! Bien llegada! Pero si es viejo, y solitario, y triste; épor qué cuando la vida le sacude -en la risa o el llantomi corazón atisba los caminos buscando quien comprenda? Hoy podré, suavemente, revivir el Pasado. Uno, entre todos ellos, me ciñe y me tortura. Yo digo ahogadamente mi palabra de ruego Corazón, tengo miedo Hola Paco. Brillante composición. El fondo y los colores también acompañan a la foto. Bien hecho. Gran definición y muy buena luz y colores. Buena foto, amigo. Un saludo, Josep. What a lovely composition! I like the grass and sky in the back! All on Yours photo is so sharp! Es hermosísima y bien nerudiana. Realmente es mi favorita de hoy. Un abrazo, Rafa. Jribeirosantos Joana : is here now :. The colors are also great. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido. Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. En ti se acumularon las guerras y los vuelos. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Una luz, un temblor. El mismo asombro:. Y las uvas su pócima eucarística. Una atempórea paz cubre la piel. Temblor en el tejado. La dulzura del fruto nos hermana. Y esa sed que se escapa de los vasos. El cañadón invade los sembrados. Como yerbas. Con el verso pintado en los oídos. Ciprés enorme, enorme jazminero;. Y al bochorno. El chimango respira por mis bronquios. Caricia de la noche chacarera. Para el grano de Dios hay sementera. Perfectas son las bocas y los besos. La soledad perfecta, el sol, el humo. Y esta palabra mía que se evade. Silba el maíz su triunfo chacarero,. Adentro, los terrones y el ahogo. La palabra. Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? XI Casi fuera del cielo anda entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocaria ahora, para qué entristecería. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío. XII Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocio a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. Eternamente en fuga como la ola. Como ellos eres alta y taciturna. Y entristeces de pronto, como un viaje. Acogedora como un viejo camino. XIII He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Triste ternura mía, qué te haces de repente? XIV Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? El cielo es una red cuajada de peces sombrios. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos..

Y la ciudad resiste. Como el yunque. O el canto mismo. Y el mar que parte. Una luz, un temblor. El mismo asombro:. Y las uvas su pócima eucarística. Una atempórea paz cubre la piel. Temblor en espiga alma de ojos azules tejado.

La dulzura del fruto nos hermana. Y esa sed que se escapa de los vasos. El cañadón invade los sembrados. Como yerbas. Con el verso pintado en los oídos. Ciprés enorme, enorme jazminero. Poema siguiente. Poemas relacionados Un poema como una bala Julio E.

Guillermo Carnero. El viento del mar caza errantes gaviotas. Era hecha de todas las cosas. El viento. Estabas lejos como ahora. Arde en cruces azules. Qué espiga alma de ojos azules poblado de ecos? Altas, altas estrellas.

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Sexy pantihose Watch PORN Videos Massage Sexmovie. VIII Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. IX Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche azul caía sobre el mundo. He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos. A veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos. Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? XI Casi fuera del cielo anda entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocaria ahora, para qué entristecería. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío. XII Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocio a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. La palabra no puede con mi carga de angustia, y no cabe en mi verso mi dolor exaltado. Un dolor esperando Todas las horas pasan con la muerte en los hombros. Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos. Sola, desenfrenada en tierra de sombra y de silencio. Soy agotada y turbia espiga de abandono. Soy desolada y lloro Todo lo ha dado, todo Es gesto casi exacto a la entrega de Dios. Entretanto, la ola Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido. Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. En ti se acumularon las guerras y los vuelos. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! 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This is a difficult shot but here the light management is perfect,as the presentation too. Have a good day,danos. All rights reserved. Use of this site indicates your consent to the Terms of Use. Tuve la suerte de visitar varios de sus hogares en Chile, pero indudablemente este estaba lleno de tesoros y creo que cada cosa de él hablaba de su riqueza literaria, y del lugar que es muy bello. Carmen María Pérez , Ejecutiva at My own sweet home! Nina: Te felicito por esta excente presentación de Pablo Neruda, es un verdadero tesoro. Muchas gracias por compartir. Saludos Carmen María. Sin descargas. Visualizaciones Visualizaciones totales. Por qué sí? Por qué no? Los días descubiertos aportan roja arena sin cesar destrozada a las hélices puras que inauguran el día, y pasa un mes con corteza de tortuga, pasa un estéril día, pasa un buey, un difunto, una mujer llamada Rosalía, y no queda en la boca sino un sabor de pelo y de dorada lengua que con sed se alimenta. Nada sino esa pulpa de los seres, nada sino esa copa de raíces. Recuerdo sólo un día que tal vez nunca me fue destinado, era un día incesante, sin orígenes. Era una sorda ciencia con cabello y cavernas y machacando puntas de médula y dulzura he rodado a las grandes coronas genitales entre piedras y asuntos sometidos. Éste es un cuento de puertos adonde llega uno, al azar, y sube a las colinas, suceden tantas cosas. Enemiga, enemiga, es posible que el amor haya caído al polvo y no haya sino carne y huesos velozmente adorados mientras el fuego se consume y los caballos vestidos de rojo galopan al infierno? Corre con tus zapatos, con tus medias, con el gris repartido, con el hueco del pie, y con esas manos que el tabaco salvaje adoraría, golpea escaleras, derriba el papel negro que protege las puertas, y entra en medio del sol y la ira de un día de puñales a echarte como paloma de luto y nieve sobre un cuerpo. Llénate de mí Llénate de mí. Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame. Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora. Soy el que pasó saltando sobre las cosas, el fugante, el doliente. Pero siento tu hora, la hora de que mi vida gotee sobre tu alma, la hora de las ternuras que no derramé nunca, la hora de los silencios que no tienen palabras, tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias, tu hora, medianoche que me fue solitaria. Libértame de mí. Quiero salir de mi alma. Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre. No, no quiero ser esto. Con tus hombros de seda desentierra estas anclas. Así crucificaron mi dolor una tarde. Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro. Mi corazón no debe callar hoy o mañana. Debe participar de lo que toca, debe ser de metales, de raíces, de alas. No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve, no puedo ser la sombra que se deshace y pasa. No, no puede ser, no puede ser, no puede ser. Entonces gritaría, lloraría, gemiría. No puede ser, no puede ser. Quién iba a romper esta vibración de mis alas? Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué palabra? No puede ser, no puede ser, no puede ser. Te forjé en lucha viva. De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste. Tienes de mí ese sello de avidez no saciada. Vamos juntos, Rompamos este camino juntos. Déjame irme. Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca, inundando las tierras como un río terrible, desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos destrozando, quemando, arrasando como una lava loca lo que existe, correr fuera de mí mismo, perdidamente, libre de mí, furiosamente libre. Irme, Dios mío, irme! Material nupcial. La pondré como una espada o un espejo, y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas, y morderé sus orejas y sus venas, y haré que retroceda con los ojos cerrados en un espeso río de semen verde. Me falta tiempo para celebrar tus cabellos Me falta tiempo para celebrar tus cabellos. Uno por uno debo contarlos y alabarlos: otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo sólo quiero ser tu peluquero. En Italia te bautizaron Medusa por la encrespada y alta luz de tu cabellera. Yo te llamo chascona mía y enmarañada: mi corazón conoce las puertas de tu pelo. Por las montañas vas como viene la brisa o la corriente brusca que baja de la nieve o bien tu cabellera palpitante confirma los altos ornamentos del sol en la espesura. Ritual de mis piernas. Tienen existencia los trajes, color, forma, designio, y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar, demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo, y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido, con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas. Bueno, mis rodillas, como nudos, particulares, funcionarios, evidentes, separan las mitades de mis piernas en forma seca: y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas. Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas, son allí mis piernas, y dotadas de grupos musculares como animales complementarios, y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida sin temblar permanece, aguardando y actuando. En mis pies cosquillosos, y duros como el sol, y abiertos como flores, y perpetuos, magníficos soldados en la guerra gris del espacio, todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies, lo extranjero y lo hostil allí comienza, los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto, lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón, con densa y fría constancia allí se originan. Sed de ti. Sed de ti me acosa en las noches hambrientas. Trémula mano roja que hasta su vida se alza. Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía. Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla. Cómo poder no amarte si he de amarte por eso. Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo. Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos. Sed de ti, guirnalda atroz y dulce. Sed de ti que en las noches me muerde como un perro. El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo. De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed. Y en ella se aniquila como el agua en el fuego. O recuerdo el día primero de la sed, la sombra apretada contra los jazmines, el cuerpo profundo en que te recogías como una gota temblando también. Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta desesperadamente a ti por el metal que necesita. Siento tu ternura allegarse a mi tierra Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas! Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras?.

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Falleció en Agua sexual. Desnuda El amor Era mi corazón un ala viva y turbia Eres toda de espumas delgadas y ligeras Las furias y las penas. Por las montañas vas como viene la brisa Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos Poema En su llama mortal la luz te envuelve Es la mañana llena de tempestad Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes Abeja blanca espiga alma de ojos azules ebria de miel- en mi alma Ebrio de trementina y largos besos Casi fuera del cielo espiga alma de ojos azules entre dos montañas Para mi corazón basta tu pecho He ido marcando con cruces de fuego Juegas todos los días con la luz del universo Pensando, enredando sombras en la profunda soledad Aquí te amo Walking here. Y te perdí mujer.

En el camino Agua sexual Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

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Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla en el atardecer resonante y muriendo! Así en horas profundas sobre los campos he visto doblarse las espigas en la boca del viento. Es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano. Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, el viento las sacude con sus viajeras manos. Innumerable corazón del viento latiendo sobre nuestro silencio enamorado. Viento que la derriba en ola sin espuma y sustancia sin peso, y fuegos inclinados. Se rompe y se sumerge su volumen de besos combatido en la puerta del viento del verano. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Escuchas otras voces en mi voz dolorida. No me abandones. Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. Voy haciendo de todas un collar infinito para tus blancas manos, suaves como las uvas. Eras la boina gris y el corazón en calma. Y las hojas caían en el agua de tu alma. Apegada a mis brazos como una enredadera, las hojas recogían tu voz lenta y en calma. Hoguera de estupor en que mi sed ardía. Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma. Cielo desde un navío. Campo desde los cerros. Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! Hojas secas de otoño giraban en tu alma. Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo. Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Arde en cruces azules. Qué silencio poblado de ecos? Altas, altas estrellas. Sentir que la he perdido. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Como antes de mis besos. Sus ojos infinitos. Todo en ti fue naufragio! Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. IX Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche azul caía sobre el mundo. He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos. A veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos. Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? XI Casi fuera del cielo anda entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocaria ahora, para qué entristecería. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío. XII Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocio a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. Eternamente en fuga como la ola. Como ellos eres alta y taciturna. Y entristeces de pronto, como un viaje. Acogedora como un viejo camino. XIII He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. La luz, oh luz, oh luz me desespera. Sed celeste, celeste como el río;. Nos condena. Llegan voces de allende los confines. América me sube hasta la boca. Hace siglos que habito en esta tierra. Las ovilla. Hasta que en llaga sienta la semilla. Tiembla la luz en los trigales altos. Pero el yunque resiste desde abajo. La claridad responde a los tañidos. Toda creación estalla en plenitud. Una preñez de sol cobró la calle. Cosmogónica espiga que sostiene. Humus terrible. Humus cruel que fermenta en las entrañas. Me estremece palpar en los poetas. Una obsesión de Dios me debilita. Sin embargo se integran a mi cuerpo,. España el vuelo. Porque la flora abreva en el gorjeo. Su belleza me embriagaba de lejos, como embriaga el licor dulce y dorado. Oh, después yo quise ser abeja para beber de un sordo la dulzura de aquel nectario perfumado, y luego, luego hacer un panal rubio y hechido para melificar todos mis sueños! Alfarero celeste: yo soy un pobre trozo de barro no cocido Alfarero celeste, date prisa, que un viento de locura puede secar la arcilla antes de que tus manos le den la forma pura. Alfarero celeste, date prisa, trabaja! Yo no soy mas que un trozo de barro no cocido; pero dentro del barro hay algo sensitivo que late y que solloza, que palpita y que canta; algo que es como un beso, una rosa o un nido Dame, Señor, un corazón capaz de resistir el dolor y capaz de conmoverse ante el paisaje; un alma receptiva y abierta al sufrimiento humano y sensible a la alegría de las cosas sencillas; una mente fértil para la comprensión y para el equilibrio de la idea; una conciencia capaz de censurar mi propia falta y de atenuar la falta ajena. El viejo piano, grave y austero señor de otro tiempo, sintió de pronto el roce de unas manos sobre el teclado seco y amarillo como la piel de un monje solitario. Dos estrellas de luz y de misterio cautivas en el cielo del teclado, después de haber vagado por las rutas del desolado mundo Era el re-encuentro. Un vivo y doloroso reconocimiento de lo que ayer fue propio y hoy parecía extraño, después del abandono y del olvido. Era el retorno. Una reintegración y acaso, lquién lo sabe! Era el regreso. Las estrellas cautivas temblaban sobre el cielo del teclado. Cada dedo despertaba un sonido ahogado en el silencio. El viejo piano austero se sintió renovado. Toda su sangre desteñida y tibia enrojeció de pronto y se hizo fuego. Una oleada de vida le inundó las entrañas, y percibió en aquel contacto de las manos inquietas el misterio del arte, del amor y del sueño. Ya no quiso ser piedra entumecida, ni encerrarse de nuevo en su prisión de taciturnos hierros Partió la noche con su largo grito y, para encadenar aquellas m anos, hechas de sol y nieve, las besó con tal fuego y con tal ansia, que en cada dedo pareció enroscarse un anillo candente. Porque el viejo señor de otras edades, mago de la armonía que te incendió los dedos, sabe que ya tus manos no son sino dos pobres fugitivas estrellas que han de volver al cielo! Esta canción es nueva. En espacio y en tiempo. Nueva en este milagro de mi alma renovada. Nueva en mis manos, recién descubiertas. Esta canción es nueva y es distinta. Nunca la dije antes. Ni siquiera cuando la Primavera sembró sus amapolas en mi risa. Savia reconcentrada de mi vida presente, con un ancla en la tierra del pasado y un banderín al viento. Por qué el sol parte la noche en dos con su dorada cimitarra, y nace el día. Yo pregunto a quien pueda responder: por qué la piedra permanece inmóvil junto a la brevedad inquieta de la hormiga. Por qué se abre la flor y se ciñe la yedra. Por qué se avienta la semilla. Yo pregunto a quien pueda responder: por qué te amo, Vida. Un día sucedió Siempre hay un día para todo suceso. El día de la siembra. El día de la angustia. El día de cortar las espigas maduras. El día del silencio. El día del placer. El día de la sombra en torno al pensamiento. Siempre ha de haber un día para todo suceso. En mí se hizo el milagro de una doble nacencia. Nací una vez, después de nueve lunas ateridas, y otra vez he nacido, para la eternidad, después de nueve lunas infinitas. IV Yo fui una niña triste. Todas lo son, acaso. Yo fui una niña sola. Y soñó con la luna, con la canción del viento, con la espuma y el sol y el calor de los nidos. Yo fui una niña triste, con los ojos abiertos igual que dos abismos. A través de esos ojos pasó el dolor holgadamente, y pasó la verdad, pues es también un dolor cuando asoma tan pronto en el camino. Yo fui una niña triste que había de morir un día cualquiera, para nacer después un día prescrito. V Yo estaba muerta, ya. Tendida encima de un paisaje increíblemente quieto. Puesta como un mantel en la dulzura vegetal del musgo. Con los ojos inmóviles y duros de silencio, y las manos dobladas sobre el pecho yacente. INacer por vez primera para vivir un sueño! Por sobre mi cabeza: un cielo abierto y trémulo donde cada tem blor era una estrella. VI Yo no sé la palabra con que anunciaste, vida, esta resurrección. Hubo un largo silencio en torno mío Luego, un redescubrimiento de mí misma. Mis manos, y mis labios, y mis ojos Al descubrir mi alma, vi que mi alma era adulta; que había nacido adulta para vivir el sueño de una niña. VII Cuando me descubrí las manos, las ví brillar inusitadamente. Era que aprisionaban dos estrellas. Yo, que he recién nacido, las llevo entre mis manos igual que dos milagros bajo la noche inmensa. VIII Cuando me descubrí los ojos vi que estaban llorando. Fresco rocío sobre el pétalo recién abierto de mi alma. Cuando me descubrí los ojos vi que estaban llorando. Cuando me descubrí los labios estaban llenos de palabras. Palabras ignoradas Yo las dije, sintiendo que nacían de muy hondo. Subían con mi sangre desde mi soterrado enigma, con vértigo fluvial, hacia mis labios. Antes, cuando nací por vez primera, mi saludo fue un llanto de criatura: un solo grito sin palabras. Dije: "Yate bendigo, Vida" Ahora digo "la brisa" y percibo el perfume. Ahora digo: "la aurora" y escucho voces nuevas. Ahora digo: "mañana" y sueño con el dulce paraíso terrestre. Ahora digo: "el camino" y siento que me nacen raíces de milagro para hundirse en la tierra. Ahora todo es distinto: el sol, las amapolas, el abismo, la fuente, las palomas, el trigo, los panales, el surco, los luceros, la espuma IAhora todo es distinto! El amor a las madres que fru tecen fan tasmas con las bocas cerradas y clavos en las manos. El amor a esos niños que no tienen infancia porque nacieron ya maduros en el dolor y el miedo. Pero también: el amor a las cosas que siguen siendo bellas. Ya sabes El amor al paisaje que recreó tu mano. Hinchazón de montañas. Olor de sementeras. Largas brisas azules mensajeras del polen. Cerrado verde obscuro de la dura maleza. Herida siempre abierta del río fugitivo que se acuesta en el mar nara dormir la siesta. Ternura vegetal de la hierba sencilla donde las margaritas no se sienten pequeñas. Yel mar El mar Potro que se encabrita y piafa sobre las móviles algas verdinegras, o espera en éxtasis de amor el beso de la luna, su ru bia amada eterna. XIII y también, el amor a los claros horizontes y a la palabra pura. El amor a una tarde de silencio venturoso, a una mañana azul, a una noche de luna. El amor al perfume, al sonido, a la línea que renuevan la dulce presencia deseada. A la sonrisa blanca de las simples criaturas. A la flor, a la abeja, al ruiseñor, al nido. A la voz que despierta la inédita dulzura. Aquí estoy. Serenamente vertical encima de las removidas glebas augurales. Cara al cielo. Con las manos abiertas hacia tu realidad y los ojos cerrados, soñando tus luceros. Aquí estoy, recién nacida y suelta, sin otra ligadura que la trenza dorada de la luna y el cinturón del viento. Alma nueva, sin huella de fósiles remotos. Criatura recobrada por el tiempo. Aquí estoy, frente a ti. Rescatada del vacío. Con mi recién creada voz y mi recién hallado acento. Serenamente, mansamente, hundo en la tierra mis rodillas débiles, y digo mi oración bajo los cielos Porque me diste la verdad sin lacerarme. Porque me hiciste comprender lo abstruso y aceptar el dolor sin rebeldía. Porque me diste la alegría de las cosas pequeñas y de las grandes cosas. Porque sembraste en mi apretado surco encima de la duda: una esperanza, y encima de la angustia: una sonrisa. Yo te bendigo, Vida, porque me hiciste desear sin que el deseo fuese potro desenfrenado. Porque me diste olvido para el minuto triste y un desvelado corazón para la dicha. Porque hinchaste de savia las raíces entecas e hiciste nacer lirios donde sólo hubo espinas. En el agua, en el aire, en la tierra, en el fuego. Yen tus cuatro crisoles amo a Dios y a tí misma. Yo te bendigo, Vida, porque ahora sé decir: "Te amo" Yo te amo Por los siglos de los siglos. Así, desde la albura de tus manos buenas hasta las pobres bocas abrasadas pasaba el dulce jugo de la vida. Después, los peregrinos seguían la jornada, renovada la sangre en la red azulada de sus venas cantaba el verso de tu agua , fijos los ojos en el vasto cielo, alígera la planta. Era una caravana interminable de viajeros sedientos de tu agua! Venían de muy lejos, trayendo a cuestas su morral vacío y su sed milenaria. Bebían como beben las bestias, con los belfos colgantes, fija en ti la mirada. Así pasaba el jugo de la vida a través de sus venas agostadas, y eran como las ramas que se hinchan con la savia potente de la tierra yen renuevos estallan. Pero un día érecuerdas? Bebió sin prisa, sin mirarte. Luego, sonrió dulcemente y dijo: -"Hermana, vine tan solo a bendecir tu agua! Porque en la blanca mano que se alzó sobre ti viste la abierta herida de los clavos Te llevo en mí como si fueses una alegría de sol en mis mañanas, como un rezo tranquilo, como una simple caricia de una mano hermana. Te llevo en mí como mi propia vida: pensamiento, sentir, anhelo, ansia. Te llevo en mí como un don de los cielos, para toda la vida enraizada en el alma. Todavía me hieras, todavía me sangres, vas en mi corazón, tejiendo alas. Te llevo en mí como mi propia vida - i Oh, Ilusión, que haces clara la mañana! Por qué siento este amor por las estrellas y no me canso de mirarlas, como si tuvieran no sé qué misterioso encantamiento, no sé qué hechicería, no sé qué extraña fuerza que me arrastra y me turba y me esclaviza a ellas? Son hijas del recuerdo. En cada una tiembla una hora vivida, una ilusión fugada, un beso, una palabra o un secreto. Yo las miro y las miro Esa que brilla espléndida y enorme como un trozo de luna, éno es la dulzura de una voz que ronda perennemente mis desasosiegos? Esa que tiembla y que se oculta luego, que se asoma y que se esconde, Yo las miro y las miro, enamorada de ellas. Que este cielo profundo de mi alma tan soñadora de las cosas bellas de tanto alzar los ojos hacia arriba se ha llenado de estrellas! Blanca de toda culpa, bienoliente y rosada como una flor, es la recién nacida. Sobre la frente trae plasmado el gran misterio de la vida. A través de las venas azules que se arraigan en la carne rosada, corre como un arroyo la sangre del hermano. Savia de los ancestros, jugo que se derrama de una copa divina en los cauces azules de las venas hermanas! Voz que nace en la carne para decir palabras que acercan y que unen. Es la que nutrió mi vida y la vida del hermano. Desorbitados, mis ojos quieren sondear el misterio de esta vida que comienza como comienzan los sueños Dime, pequeña, en tus venas hay un poco de la sangre venerada del Abuelo? Pero su voz me llega. Caracol de mis mares, rubia espiga crecida en mi era, asustada paloma que se durmió en mis manos; pupila de mi asombrado mirar al mundo antes de que el mundo fuera Yo estoy soñando, sueño siempre, soñé ayer y soñaré mañana. No lo sé. Acaso el mismo sueño -mi sueñote arrastró como un vórtice en cuyo fondo enorme divisaste multitud de luceros. Tengo tanto que hablar y que decirte Mi dolor no es de hoy, sino de siempre. Por qué? Todo lo sabes, todo. Sabes de esta vigilia interminable en que se van mis horas, una tras otra, huyendo. Yen que pondré a latir mi atravesado corazón, si nunca hubo presencia terrena en su latido? Denegridas palomas que van hacia el infierno, ciegas de tanto sol, locas de tanto vuelo Antes de que sea tarde, deja que eche mis anclas en la tierra, para sentir la vida en toda su palpable realidad de luz y de miseria. Necesito el recuerdo de una hora vivida a vida plena y cierta, para que cuando ya no tenga sueños, porque hayan muerto antes que yo, pueda siquiera recordar sin miedo. Para poder pensar en tí desde mi soledad aterradora y mi silencio! Acaso no debiese escribir estos versos que hablan de mí tan solo. Mi corazón presiente tu angustia y tu alegría, y se llena de voces extrañas que le turban. Acaso no vinieron de mí misma. Las escuché tal vez mientras soñaba Pero son tuyas, tuyas, hijas de tu emoción y tu tristeza, son tus viejas palabras hablando desde mí, desde mi alma Deja que siga andando los caminos y que arranque a la noche su secreto. Sobre tu vida toda pesa un largo silencio: fue el que nació de pronto cuando se habló de amor. Yo me asomé al abismo que socavó la vida en tu sendero, antes todo lleno de sol. Qué misterio se esconde tras el vasto silencio en que vas por el mundo sin tocar una flor? Qué tortura infinita se esconde en tu destino, que no puso en tus labios una sola canción? Hurgando en tus pupilas, yo busco aquel secreto que te plegó los labios y te hirió el corazón. Apresura tu hoz, y por su filo vayan rodando al suelo las espigas que doró el amplio sol de tu mirada. Por ese gesto anunciador del pan: Dios bendiga tu mano! Apresura tu hoz, porque ese trigo es de ellos, antes de que subieran las espigas desde la negra boca del barbecho. Segadora, el hambre que yo tengo es vieja como el mundo, como la tierra, como el sol Segadora, el hambre que yo tengo es vieja como el mundo Sembrador, te me fuiste Te me fuiste con tu voz de agua pura y tus manos abiertas por el camino largo. Yo fui contigo hasta la vera del camino aquella tarde. Era la despedida. Nos dijimos adiós en aquel borde donde mi mano se agitó temblando y respondió tu mano, dulcemente, con las cinco sonrisas de sus dedos. Te esperaban rosados corazones y manos blancas como tus cabellos. Yo sé que entre esas manos de la bienvenida estaba la mano generosa del Abuelo. Apresuró el encuentro acaso para preguntarte por su chiquilla, a ti, que para su chiquilla fuiste también abuelo Sembrador, te me fuiste. Yo no digo "Estoy triste". Pero sí que estoy triste,. Triste, así, simplemente. Pinky pobre criatura de ensueño!.

Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, espiga alma de ojos azules con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer agua sorda, a goterones sordos.

Veo correr un arco iris espiga alma de ojos azules. Veo pasar sus aguas a través de los huesos. Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte la leche de los senos como de see more manantial, por mirarte y sentirte a mi lado, y tenerte en la risa de oro y la voz de cristal.

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, porque tu ser pasara sin pena espiga alma de ojos azules lado mío y saliera en la estrofa --limpio de todo mal Hoy me he tendido junto a una joven pura como a la orilla de un océano blanco, como en el centro de una ardiente estrella de lento espacio. De su mirada largamente verde la luz caía como un agua seca, en transparentes y profundos círculos de fresca fuerza.

Su pecho como un fuego de dos llamas ardía en dos regiones levantado, y en doble río llegaba a sus pies, grandes y claros. Canción del macho y de la hembra.

La fruta de los siglos exprimiendo su jugo en nuestras venas. Me recibes como al viento la vela. Te recibo como el surco a la siembra. Bésame muérdeme, incéndiame, que yo vengo a la tierra sólo por el naufragio de mis ojos de macho en el agua infinita de tus ojos de hembra!

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

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Pero yo ya sabía cómo era. Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino. Desnuda Desnuda eres tan simple como una de tus manos: lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.

Sailor Fucking Watch PORN Videos Britney Porno. A veces van mis besos en esos barcos graves, que corren por el mar hacia donde no llegan. Ya me veo olvidado como estas viejas anclas. Amo lo que no tengo. Pero la noche llega y comienza a cantarme. La luna hace girar su rodaje de sueño. Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre. Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras de la negra melena, cuando estiras los brazos. Todo de ti me aleja, como del mediodía. Eres la delirante juventud de la abeja, la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga. Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. Mariposa morena dulce y definitiva como el trigal y el sol, la amapola y el agua. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido. Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos. Sola, desenfrenada en tierra de sombra y de silencio. Soy agotada y turbia espiga de abandono. Soy desolada y lloro Todo lo ha dado, todo Es gesto casi exacto a la entrega de Dios. Entretanto, la ola Soy derrotada Alba tanto distante, que hasta mi propia sombra con su sombra se ahuyenta. Soy diluvio de duelos, toda un atormentado desenfreno de lluvia, un lento agonizar entre espadas perpetuas. A eso le digo yo una correlación poética. Evelio Pereira Salgado 26 del 2 de a las Muy pintoresco y bonito [ Desparramando espigas azules sobre el campo] A eso le digo yo una correlación poética. Aun cuando te amo. Los ríos me devuelven el encanto. Forastero en mi patria, casi un grito. Julio a la voz. Julio a la rosa. Octubre todavía es el deseo. Ocho palabras sobran. Los amarillos cuelgan de las ramas de julio. La luz, oh luz, oh luz, gana la fuente. El canto crece. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra. Los sures del mundo, tan parecidos todos…. La patria del maíz levanta el vuelo de una perdiz herida,. Sabemos que la tarde es un misterio de luces que se pierden,. Duelen los ojos al ardor reseco de las trojes vacías. Duelen las manos de afilar dolores que se mellan al uso. Duelen los pies al aire y a la espiga que nos punzan el pecho. Tierra desnuda, tierra perfecta,. Una luz vegetal invade el hueco que al fin nos justifica. Carmen María Pérez , Ejecutiva at My own sweet home! Nina: Te felicito por esta excente presentación de Pablo Neruda, es un verdadero tesoro. Muchas gracias por compartir. Saludos Carmen María. Sin descargas. Visualizaciones Visualizaciones totales. Acciones Compartido. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. La Canción Desesperada Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El rio anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir; oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. En ti se acumularon las guerras y los vuelos. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar; como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor; me acogieron tus brazos..

Tienes líneas de luna, caminos de manzana. Desnuda eres delgada como el trigo desnudo. Desnuda eres azul como la noche en Cuba: tienes enredaderas y estrellas en el pelo. Desnuda eres redonda y amarilla como el verano en una iglesia de oro.

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Subamos de la luz hasta la fuente por el suave temblor de las espigas. Este poemario, no en vano acreedor del Premio Antorchas, ha conseguido reunir, junto a un deliberado ejercicio de liberación de la palabra, una visión deslumbrante de expresividad que configura el estreno de un universo poético que recupera el verdadero significado de aquello que se ha dado en llamar poesía conjetural y fundante. Mizkyla Lego. Claudio Portiglia. Fotopoemas 2 Fotopoemas 3. Es tonada de espumas en los labios del mar Ya para el salto estoy dispuesta. Casi no puedo con el mundo que azota entero mi conciencia No quiero que hasta el amor se me desprenda Todo sonar se ha muerto en mis pupilas, a mis ojos no inquietan las estrellas, los caminos son libres de mi rumbo, y hasta el nombre del mar, sorda me deja. Hoy, cenizas me tumban para el nido distante. Casi voy por la vida como gruta de escombros. Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. Como muertos sin sitio se sublevan mis voces. Sus ojos infinitos. Todo en ti fue naufragio! Oh abandonado. Ahora puedes personalizar el nombre de un tablero de recortes para guardar tus recortes. Visibilidad Otras personas pueden ver mi tablero de recortes. Cancelar Guardar. XI Casi fuera del cielo anda entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocaria ahora, para qué entristecería. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío. XII Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocio a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. Eternamente en fuga como la ola. Como ellos eres alta y taciturna. Y entristeces de pronto, como un viaje. Acogedora como un viejo camino. XIII He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. La soledad cruzada de sueño y de silencio. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Triste ternura mía, qué te haces de repente? Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía;. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, y viven en tu vida mis infinitos sueños. Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna. Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. En tus ojos de luto comienza el país del sueño. Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías, molinero taciturno, se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad. Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa. Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti. El grito frente al mar, entre las piedras, corriendo libre, loco, en el vaho del mar. La furia triste, el grito, la soledad del mar. Desbocado, violento, estirado hacia el cielo. Estabas lejos como ahora. Incendio en el bosque! Arde en cruces azules. Se derrumba, crepita. Y mi alma baila herida de virutas de fuego. Quien llama? Qué silencio poblado de ecos? Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad, hora mía entre todas! Bocina en que el viento pasa cantando. Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo. Sacudida de todas las raíces, asalto de todas las olas! Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma. Aquí te amo. En los oscuros pinos se desenreda el viento. Fosforece la luna sobre las aguas errantes. Andan días iguales persiguiéndose. Se desciñe la niebla en danzantes figuras. Savia reconcentrada de mi vida presente, con un ancla en la tierra del pasado y un banderín al viento. Por qué el sol parte la noche en dos con su dorada cimitarra, y nace el día. Yo pregunto a quien pueda responder: por qué la piedra permanece inmóvil junto a la brevedad inquieta de la hormiga. Por qué se abre la flor y se ciñe la yedra. Por qué se avienta la semilla. Yo pregunto a quien pueda responder: por qué te amo, Vida. Un día sucedió Siempre hay un día para todo suceso. El día de la siembra. El día de la angustia. El día de cortar las espigas maduras. El día del silencio. El día del placer. El día de la sombra en torno al pensamiento. Siempre ha de haber un día para todo suceso. En mí se hizo el milagro de una doble nacencia. Nací una vez, después de nueve lunas ateridas, y otra vez he nacido, para la eternidad, después de nueve lunas infinitas. IV Yo fui una niña triste. Todas lo son, acaso. Yo fui una niña sola. Y soñó con la luna, con la canción del viento, con la espuma y el sol y el calor de los nidos. Yo fui una niña triste, con los ojos abiertos igual que dos abismos. A través de esos ojos pasó el dolor holgadamente, y pasó la verdad, pues es también un dolor cuando asoma tan pronto en el camino. Yo fui una niña triste que había de morir un día cualquiera, para nacer después un día prescrito. V Yo estaba muerta, ya. Tendida encima de un paisaje increíblemente quieto. Puesta como un mantel en la dulzura vegetal del musgo. Con los ojos inmóviles y duros de silencio, y las manos dobladas sobre el pecho yacente. INacer por vez primera para vivir un sueño! Por sobre mi cabeza: un cielo abierto y trémulo donde cada tem blor era una estrella. VI Yo no sé la palabra con que anunciaste, vida, esta resurrección. Hubo un largo silencio en torno mío Luego, un redescubrimiento de mí misma. Mis manos, y mis labios, y mis ojos Al descubrir mi alma, vi que mi alma era adulta; que había nacido adulta para vivir el sueño de una niña. VII Cuando me descubrí las manos, las ví brillar inusitadamente. Era que aprisionaban dos estrellas. Yo, que he recién nacido, las llevo entre mis manos igual que dos milagros bajo la noche inmensa. VIII Cuando me descubrí los ojos vi que estaban llorando. Fresco rocío sobre el pétalo recién abierto de mi alma. Cuando me descubrí los ojos vi que estaban llorando. Cuando me descubrí los labios estaban llenos de palabras. Palabras ignoradas Yo las dije, sintiendo que nacían de muy hondo. Subían con mi sangre desde mi soterrado enigma, con vértigo fluvial, hacia mis labios. Antes, cuando nací por vez primera, mi saludo fue un llanto de criatura: un solo grito sin palabras. Dije: "Yate bendigo, Vida" Ahora digo "la brisa" y percibo el perfume. Ahora digo: "la aurora" y escucho voces nuevas. Ahora digo: "mañana" y sueño con el dulce paraíso terrestre. Ahora digo: "el camino" y siento que me nacen raíces de milagro para hundirse en la tierra. Ahora todo es distinto: el sol, las amapolas, el abismo, la fuente, las palomas, el trigo, los panales, el surco, los luceros, la espuma IAhora todo es distinto! El amor a las madres que fru tecen fan tasmas con las bocas cerradas y clavos en las manos. El amor a esos niños que no tienen infancia porque nacieron ya maduros en el dolor y el miedo. Pero también: el amor a las cosas que siguen siendo bellas. Ya sabes El amor al paisaje que recreó tu mano. Hinchazón de montañas. Olor de sementeras. Largas brisas azules mensajeras del polen. Cerrado verde obscuro de la dura maleza. Herida siempre abierta del río fugitivo que se acuesta en el mar nara dormir la siesta. Ternura vegetal de la hierba sencilla donde las margaritas no se sienten pequeñas. Yel mar El mar Potro que se encabrita y piafa sobre las móviles algas verdinegras, o espera en éxtasis de amor el beso de la luna, su ru bia amada eterna. XIII y también, el amor a los claros horizontes y a la palabra pura. El amor a una tarde de silencio venturoso, a una mañana azul, a una noche de luna. El amor al perfume, al sonido, a la línea que renuevan la dulce presencia deseada. A la sonrisa blanca de las simples criaturas. A la flor, a la abeja, al ruiseñor, al nido. A la voz que despierta la inédita dulzura. Aquí estoy. Serenamente vertical encima de las removidas glebas augurales. Cara al cielo. Con las manos abiertas hacia tu realidad y los ojos cerrados, soñando tus luceros. Aquí estoy, recién nacida y suelta, sin otra ligadura que la trenza dorada de la luna y el cinturón del viento. Alma nueva, sin huella de fósiles remotos. Criatura recobrada por el tiempo. Aquí estoy, frente a ti. Rescatada del vacío. Con mi recién creada voz y mi recién hallado acento. Serenamente, mansamente, hundo en la tierra mis rodillas débiles, y digo mi oración bajo los cielos Porque me diste la verdad sin lacerarme. Porque me hiciste comprender lo abstruso y aceptar el dolor sin rebeldía. Porque me diste la alegría de las cosas pequeñas y de las grandes cosas. Porque sembraste en mi apretado surco encima de la duda: una esperanza, y encima de la angustia: una sonrisa. Yo te bendigo, Vida, porque me hiciste desear sin que el deseo fuese potro desenfrenado. Porque me diste olvido para el minuto triste y un desvelado corazón para la dicha. Porque hinchaste de savia las raíces entecas e hiciste nacer lirios donde sólo hubo espinas. En el agua, en el aire, en la tierra, en el fuego. Yen tus cuatro crisoles amo a Dios y a tí misma. Yo te bendigo, Vida, porque ahora sé decir: "Te amo" Yo te amo Por los siglos de los siglos. Así, desde la albura de tus manos buenas hasta las pobres bocas abrasadas pasaba el dulce jugo de la vida. Después, los peregrinos seguían la jornada, renovada la sangre en la red azulada de sus venas cantaba el verso de tu agua , fijos los ojos en el vasto cielo, alígera la planta. Era una caravana interminable de viajeros sedientos de tu agua! Venían de muy lejos, trayendo a cuestas su morral vacío y su sed milenaria. Bebían como beben las bestias, con los belfos colgantes, fija en ti la mirada. Así pasaba el jugo de la vida a través de sus venas agostadas, y eran como las ramas que se hinchan con la savia potente de la tierra yen renuevos estallan. Pero un día érecuerdas? Bebió sin prisa, sin mirarte. Luego, sonrió dulcemente y dijo: -"Hermana, vine tan solo a bendecir tu agua! Porque en la blanca mano que se alzó sobre ti viste la abierta herida de los clavos Te llevo en mí como si fueses una alegría de sol en mis mañanas, como un rezo tranquilo, como una simple caricia de una mano hermana. Te llevo en mí como mi propia vida: pensamiento, sentir, anhelo, ansia. Te llevo en mí como un don de los cielos, para toda la vida enraizada en el alma. Todavía me hieras, todavía me sangres, vas en mi corazón, tejiendo alas. Te llevo en mí como mi propia vida - i Oh, Ilusión, que haces clara la mañana! Por qué siento este amor por las estrellas y no me canso de mirarlas, como si tuvieran no sé qué misterioso encantamiento, no sé qué hechicería, no sé qué extraña fuerza que me arrastra y me turba y me esclaviza a ellas? Son hijas del recuerdo. En cada una tiembla una hora vivida, una ilusión fugada, un beso, una palabra o un secreto. Yo las miro y las miro Esa que brilla espléndida y enorme como un trozo de luna, éno es la dulzura de una voz que ronda perennemente mis desasosiegos? Esa que tiembla y que se oculta luego, que se asoma y que se esconde, Yo las miro y las miro, enamorada de ellas. Que este cielo profundo de mi alma tan soñadora de las cosas bellas de tanto alzar los ojos hacia arriba se ha llenado de estrellas! Blanca de toda culpa, bienoliente y rosada como una flor, es la recién nacida. Sobre la frente trae plasmado el gran misterio de la vida. A través de las venas azules que se arraigan en la carne rosada, corre como un arroyo la sangre del hermano. Savia de los ancestros, jugo que se derrama de una copa divina en los cauces azules de las venas hermanas! Voz que nace en la carne para decir palabras que acercan y que unen. Es la que nutrió mi vida y la vida del hermano. Desorbitados, mis ojos quieren sondear el misterio de esta vida que comienza como comienzan los sueños Dime, pequeña, en tus venas hay un poco de la sangre venerada del Abuelo? Pero su voz me llega. Caracol de mis mares, rubia espiga crecida en mi era, asustada paloma que se durmió en mis manos; pupila de mi asombrado mirar al mundo antes de que el mundo fuera Yo estoy soñando, sueño siempre, soñé ayer y soñaré mañana. No lo sé. Acaso el mismo sueño -mi sueñote arrastró como un vórtice en cuyo fondo enorme divisaste multitud de luceros. Tengo tanto que hablar y que decirte Mi dolor no es de hoy, sino de siempre. Por qué? Todo lo sabes, todo. Sabes de esta vigilia interminable en que se van mis horas, una tras otra, huyendo. Yen que pondré a latir mi atravesado corazón, si nunca hubo presencia terrena en su latido? Denegridas palomas que van hacia el infierno, ciegas de tanto sol, locas de tanto vuelo Antes de que sea tarde, deja que eche mis anclas en la tierra, para sentir la vida en toda su palpable realidad de luz y de miseria. Necesito el recuerdo de una hora vivida a vida plena y cierta, para que cuando ya no tenga sueños, porque hayan muerto antes que yo, pueda siquiera recordar sin miedo. Para poder pensar en tí desde mi soledad aterradora y mi silencio! Acaso no debiese escribir estos versos que hablan de mí tan solo..

El amor. Era mi corazón un ala viva y turbia Era la primavera sobre espiga alma de ojos azules campos verdes. Azul era la altura y era esmeralda el suelo. Ella -la que me amaba- se murió en primavera. Ella -la que me amaba- cerro sus espiga alma de ojos azules Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos. Ella -la que me amaba- se murió en primavera Eres toda de espumas delgadas more info ligeras y te cruzan los besos y te riegan los días.

Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada. Vaso de resonancias y de estrellas cautivas. Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren. Caen, mueren las vidas.

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Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame. Oh, mi pobre ilusión, mi guirnalda encendida! El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo. Caen, mueren las llamas en la noche infinita. Espiga alma de ojos azules de luces, paloma de gredas rubias, líbrame de esta noche que source y aniquila.

Sumérgeme en tu nido espiga alma de ojos azules vértigo y caricia. Anhélame, retiéneme. La embriaguez a ]a sombra florida de tus ojos, las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre. De pie te grito! Rompo mi voz y grito. Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere. Estoy cansado.

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No aprisiones mi estéril cabeza entre tus manos. Huye, Aléjate.

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Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, y viven en tu vida mis infinitos sueños. Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna. Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. En tus ojos de luto comienza el país del sueño. XVII Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías, molinero taciturno, se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad. Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa. Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti. El grito frente al mar, entre las piedras, corriendo libre, loco, en el vaho del mar. Desbocado, violento, estirado hacia el cielo. Estabas lejos como ahora. Incendio en el bosque! Arde en cruces azules. Se derrumba, crepita. Y mi alma baila herida de virutas de fuego. Quién llama? Qué silencio poblado de ecos? Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad, hora mía entre todas! Well done! Regards from Australia. Hola Quillo. La composición y la luz me gustan mucho. Un saludo, Oscar. Hello Francisco! Very nice POV from down! Excelent lights on the plants, giving the golden aspect to the tips. Regards, Zeca. Cretense Amigo, seguramente una de tus mejores fotos. Buena idea, perfecta definicion y enfoque. A mis alumnos, en el amor a la libertad. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto…. Me fundan los trigales que en agosto. Sobre los campos de América. Llegan voces. Llegan sauces blandiendo, compasivos,. Afirma el trigo su blasón despótico. Vuela un halcón venido desde lejos,. La llanura me eleva hasta la casta. La luz, oh luz, oh luz me desespera. Sed celeste, celeste como el río;. Nos condena. Llegan voces de allende los confines. América me sube hasta la boca. Hace siglos que habito en esta tierra. Soy el Estío! Yo soy el que maduro los frutos y el que pongo dulzor de miel en ellos Yo soy el que recojo en mis cestos enormes el brillante tesoro de las pomas rosadas, de los rojos madroños, de las vides moradas Soy el Otoño! Soy el Invierno! Quién asoma su rostro de infinita pureza? Ha llegado la hermosa, la rubia Primavera! No oís cómo las aves dan al aire sus trinos, ni véis cómo florecen las rosas y los lirios? Yo he puesto en cada rama la fecundante linfa que hace brotar las flores allí donde hubo espinas. Todo cuanto yo toco con mi soplo de vida, se hace flor, se hace verso, se hace luz y armonía. Derramando mis gracias yo voy por la campiña, y despiertoia las suaves Por mí suspira todo lo que vive y alienta, y ansía mi llegada, y me llama y me espera Todos sabéis quien soy: yo soy la Primavera! Me llegaste una tarde cuando yo no sabía de tus preciosos dones. Después me diste el vino precioso de tus vides y mis labios sintieron la dulzura suprema. Y la estrella se apagó entre mis manos. Te amé serenamente. En la ingenua mañana, en la hora angustiosa y en la hora tranquila, en la risa, en el llanto, en la luz y en la sombra Te amé serenamente por sobre toda herida. Hoy me queda el recuerdo de las horas supremas la cima de la dicha Por aquella hora gris, yo te perdono, Vida! Yo no quiero mirarte. Me clavé dos puñales en los ojos insomnes para que no te viesen. Rendidos hasta el alma, sin embargo, te miran. Te miran a lo largo de los puñales fríos. Te miran y comprenden. Yo no te odio, no. Sin embargo Ese grito de sal que traspasa tu nido y esa nieve de espuma en tu contorno y ese verde de hierba derramada en tus vasos Ese color mojado de todo lo que es tuyo y que me llena de ansiedad las manos Pero aunque no te odio - icórno podría odiarte! El vértigo me oprime las carnes fatigadas Yo no podría odiarte nunca. Cómo podría odiarte! Sin embargo, te digo que no quiero mirarte. Si supieras por qué yo no quiero mirarte! Mi secreto es tan simple, tan sencillo, tan claro Si no quiero mirarte, es porque tengo miedo Yo no quiero que nazca este verso tan triste en un día tan claro! Mejor que nazca luego, una tarde plomiza, una noche sin luna, una mañana sin color de cielo. Pero el verso me clava como un duro venablo: cierva herida en m itad de la fren te por la flecha sin arco de un anhelo sin límite. Gota a gota, la sangre del alma se me va por las venas partidas y con ella, en un soplo, se me fuga la vida. Cazador que te escondes en mi propia conciencia: no me hieras de nuevo cuando el día levanta! Ya no pregunto nada, ni a la vida, ni a ti. Ni siquiera a mí misma. Ya no pregunto nada acerca del milagro. Estoy de cara a mi destino y acepto, mansamente. Acepto y callo. Las raíces que se hunden en la tierra, los granos que revientan en el surco, la yerba que se asoma a los collados, la fruta que madura y que se expande no preguntan al ciclo sus razones Ni ha de haberlas tampoco para este amor sin tiempo y sin distancia, sin principio ni fin ni dimensión ni causa. Este amor de milagro! Era una flor erguida sobre una rama fresca y apretada de renuevos. Su belleza me embriagaba de lejos, como embriaga el licor dulce y dorado. Oh, después yo quise ser abeja para beber de un sordo la dulzura de aquel nectario perfumado, y luego, luego hacer un panal rubio y hechido para melificar todos mis sueños! Alfarero celeste: yo soy un pobre trozo de barro no cocido Alfarero celeste, date prisa, que un viento de locura puede secar la arcilla antes de que tus manos le den la forma pura. Alfarero celeste, date prisa, trabaja! Yo no soy mas que un trozo de barro no cocido; pero dentro del barro hay algo sensitivo que late y que solloza, que palpita y que canta; algo que es como un beso, una rosa o un nido Dame, Señor, un corazón capaz de resistir el dolor y capaz de conmoverse ante el paisaje; un alma receptiva y abierta al sufrimiento humano y sensible a la alegría de las cosas sencillas; una mente fértil para la comprensión y para el equilibrio de la idea; una conciencia capaz de censurar mi propia falta y de atenuar la falta ajena. El viejo piano, grave y austero señor de otro tiempo, sintió de pronto el roce de unas manos sobre el teclado seco y amarillo como la piel de un monje solitario. Dos estrellas de luz y de misterio cautivas en el cielo del teclado, después de haber vagado por las rutas del desolado mundo Era el re-encuentro. Un vivo y doloroso reconocimiento de lo que ayer fue propio y hoy parecía extraño, después del abandono y del olvido. Era el retorno. Una reintegración y acaso, lquién lo sabe! Era el regreso. Las estrellas cautivas temblaban sobre el cielo del teclado. Cada dedo despertaba un sonido ahogado en el silencio. El viejo piano austero se sintió renovado. Toda su sangre desteñida y tibia enrojeció de pronto y se hizo fuego. Una oleada de vida le inundó las entrañas, y percibió en aquel contacto de las manos inquietas el misterio del arte, del amor y del sueño. Ya no quiso ser piedra entumecida, ni encerrarse de nuevo en su prisión de taciturnos hierros Partió la noche con su largo grito y, para encadenar aquellas m anos, hechas de sol y nieve, las besó con tal fuego y con tal ansia, que en cada dedo pareció enroscarse un anillo candente. Porque el viejo señor de otras edades, mago de la armonía que te incendió los dedos, sabe que ya tus manos no son sino dos pobres fugitivas estrellas que han de volver al cielo! Esta canción es nueva. En espacio y en tiempo. Nueva en este milagro de mi alma renovada. Nueva en mis manos, recién descubiertas. Esta canción es nueva y es distinta. Nunca la dije antes. Ni siquiera cuando la Primavera sembró sus amapolas en mi risa. Savia reconcentrada de mi vida presente, con un ancla en la tierra del pasado y un banderín al viento. Por qué el sol parte la noche en dos con su dorada cimitarra, y nace el día. Yo pregunto a quien pueda responder: por qué la piedra permanece inmóvil junto a la brevedad inquieta de la hormiga. Por qué se abre la flor y se ciñe la yedra. Por qué se avienta la semilla. Yo pregunto a quien pueda responder: por qué te amo, Vida. Un día sucedió Siempre hay un día para todo suceso. El día de la siembra. El día de la angustia. El día de cortar las espigas maduras. El día del silencio. El día del placer. El día de la sombra en torno al pensamiento. Siempre ha de haber un día para todo suceso. En mí se hizo el milagro de una doble nacencia. Nací una vez, después de nueve lunas ateridas, y otra vez he nacido, para la eternidad, después de nueve lunas infinitas. IV Yo fui una niña triste. Todas lo son, acaso. Yo fui una niña sola. Y soñó con la luna, con la canción del viento, con la espuma y el sol y el calor de los nidos. Yo fui una niña triste, con los ojos abiertos igual que dos abismos. A través de esos ojos pasó el dolor holgadamente, y pasó la verdad, pues es también un dolor cuando asoma tan pronto en el camino. Yo fui una niña triste que había de morir un día cualquiera, para nacer después un día prescrito. V Yo estaba muerta, ya. Tendida encima de un paisaje increíblemente quieto. Puesta como un mantel en la dulzura vegetal del musgo. Con los ojos inmóviles y duros de silencio, y las manos dobladas sobre el pecho yacente. INacer por vez primera para vivir un sueño! Por sobre mi cabeza: un cielo abierto y trémulo donde cada tem blor era una estrella. VI Yo no sé la palabra con que anunciaste, vida, esta resurrección. Hubo un largo silencio en torno mío Luego, un redescubrimiento de mí misma. Mis manos, y mis labios, y mis ojos Al descubrir mi alma, vi que mi alma era adulta; que había nacido adulta para vivir el sueño de una niña. VII Cuando me descubrí las manos, las ví brillar inusitadamente. Era que aprisionaban dos estrellas. Yo, que he recién nacido, las llevo entre mis manos igual que dos milagros bajo la noche inmensa. VIII Cuando me descubrí los ojos vi que estaban llorando. Fresco rocío sobre el pétalo recién abierto de mi alma. Cuando me descubrí los ojos vi que estaban llorando. Cuando me descubrí los labios estaban llenos de palabras. Palabras ignoradas Yo las dije, sintiendo que nacían de muy hondo. Subían con mi sangre desde mi soterrado enigma, con vértigo fluvial, hacia mis labios. Antes, cuando nací por vez primera, mi saludo fue un llanto de criatura: un solo grito sin palabras. Dije: "Yate bendigo, Vida" Ahora digo "la brisa" y percibo el perfume. Ahora digo: "la aurora" y escucho voces nuevas. Ahora digo: "mañana" y sueño con el dulce paraíso terrestre. Ahora digo: "el camino" y siento que me nacen raíces de milagro para hundirse en la tierra. Ahora todo es distinto: el sol, las amapolas, el abismo, la fuente, las palomas, el trigo, los panales, el surco, los luceros, la espuma IAhora todo es distinto! El amor a las madres que fru tecen fan tasmas con las bocas cerradas y clavos en las manos. El amor a esos niños que no tienen infancia porque nacieron ya maduros en el dolor y el miedo. Pero también: el amor a las cosas que siguen siendo bellas. Ya sabes El amor al paisaje que recreó tu mano. Hinchazón de montañas. Olor de sementeras. Largas brisas azules mensajeras del polen. Cerrado verde obscuro de la dura maleza. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche azul caía sobre el mundo. He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos. A veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos. Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocarla ahora, para qué entristecerla. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío. Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Es en ti la ilusión de cada día. Para siempre. Mauricio a mi me gustan mucho los poemos de Pablo Neruda y ahora quiero dedicarle este poema a la mujer que amo, Laura Meza Evelio Pereira Salgado 26 del 2 de a las Muy pintotesco y bonito..

Mi alma debe estar sola. Farewell Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira.

Por esas manos, hijas de tus manos, tendrían que matar las manos mías. Yo no lo quiero, Amada. Para que nada nos amarre que no nos una nada. Espiga alma de ojos azules la palabra que aromó tu boca, ni lo que no dijeron las palabras.

espiga alma de ojos azules

Ni la fiesta de amor que no tuvimos, ni tus sollozos junto a la ventana. Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa. En cada puerto una mujer espera: los marineros besan y se van.

Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar. Amo el amor que se reparte en besos, lecho y pan. Espiga alma de ojos azules que puede ser eterno y puede ser fugaz.

Amor que quiere libertarse para volver a amar. Amor divinizado que se acerca Amor divinizado que se va. Fui tuyo, fuiste mía. Juntos hicimos un recodo en la ruta donde el amor pasó. Wife best sex.

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